23 Junio 2017
Iniciar sesión Registro

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Captcha *
Usted esta aqui: Usted está aquí:Medicina & Laboratorio>2009>Editorial>De las pipetas y la cámara de Neubauer a la impedancia eléctrica y al láser óptico

De las pipetas y la cámara de Neubauer a la impedancia eléctrica y al láser óptico

Germán Campuzano Maya

En el contexto de la calidad, el médico como usuario final del servicio, espera que el laboratorio le provea resultados cada vez más precisos, exactos, oportunos y de utilidad clínica.

La automatización y la robótica han contribuido para que el laboratorio clínico alcance este objetivo y una de las pruebas más representativas en este aspecto ha sido el hemograma. Los procesos que hoy tienen estas características parten de 1956 cuando se inicia la comercialización de los primeros instrumentos para el recuento de células sanguíneas, instrumento que se desarrolló gracias al ingeniero Wallace Coulter, quien en 1949 inventó el contador de células basado en el cambio que éstas producen al pasar por un orificio que separa dos medios con diferentes potencias eléctricas, principio que se conoce como el de la resistencia eléctrica o de la impedancia o también como principio Coulter.  Pero no fue sino hasta finales de la década de los 70 cuando los equipos empezaron a mostrar cambios en el perfil del hemograma con la incorporación del volumen corpuscular de los glóbulos rojos.  A este avance se le sumó a partir de 1980 la tecnología de flujo continuo que permitió la medida de la dispersión de la luz, lo cual se transformó en el citómetro de flujo, cuya complejidad, parámetros y eficiencia han ido evolucionando en una forma progresiva.

Con la incorporación de esta tecnología se pasó de unos pocos recuentos manuales basados en menos de 500 células, con coeficientes de variación como índices de imprecisión de hasta el 50% en algunos casos, a la recuperación de estos parámetros más conocidos como convencionales y al aporte de nuevos parámetros de verdadera utilidad clínica, con altos índices de precisión y exactitud con coeficientes de variación menores al 1%, gracias al análisis de 10.000 a 50.000 células por estudio, de acuerdo con el instrumento y la población celular estudiada. El hemograma de hoy permite al médico con un altísimo grado de eficiencia detectar y controlar más enfermedades, con menos exámenes complementarios, optimizando de esta manera la relación costo beneficio; pero para lograr este objetivo es necesario que tanto la comunidad médica como el laboratorio clínico incorporen estos parámetros en el contexto de la lógica médica y que den a los pacientes la oportunidad del desarrollo a través de estas pruebas.

Al terminar el Volumen XIII de Medicina y Laboratorio, en el módulo La Clínica y el Laboratorio, se presenta una visión global del hemograma en sus seis presentaciones actuales, que le permitirán al médico y al laboratorio clínico tener la información suficiente para tomar las decisiones médicas pertinentes y de equipamiento para el caso.