22 Junio 2017
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Neoplasias hematológicas: un mundo aún por descubrir

Nataly J. Rincón Vásquez

La Hematología es esa "ciencia roja" llena de células de diferentes tamaños, colores y sin sabores, porque, ya lo confirmarán algunos colegas, que amargo y doloroso es encontrar una célula neoplásica en el extendido de sangre periférica de un paciente. Pero realmente ¿estamos conscientes los profesionales que trabajamos en esta área clínica de la presencia de estas células? y ¿por qué el temor de tantos, el respeto de algunos y la indiferencia de otros por conocer, estudiar y poner ojos y corazón en esa estructura observada a través del microscopio? De allí la importancia del compromiso y la dedicación en nuestra labor al servicio de la comunidad.
Entrando entonces a ese aún enigmático mundo de las neoplasias hematológicas podemos encontrar que existe, según la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una enorme variedad y que, a partir del descubrimiento de diferentes alteraciones genéticas y moleculares se está avanzando para alcanzar la predicción del comportamiento clínico, pronóstico y el tratamiento de estas entidades. El esquema de clasificación de la OMS parte primero del linaje celular maligno: linfoide, mieloide, histiocítico/dendrítico y mastocítico, y los diferencia de acuerdo con una mezcla interesante de las características morfológicas, el inmunofenotipo, la genética, la biología molecular y los síndromes clínicos relacionados.
 
La nueva clasificación de la OMS presentada este año (2016), elaborada gracias al consenso entre hemato-oncólogos, patólogos, hematólogos y genetistas, incluye los cambios de las neoplasias hematológicas actuales, como la adición de un número limitado de nuevas entidades provisionales, esclareciendo el diagnóstico y tratamiento en las primeras etapas; además, refina los criterios diagnósticos, moleculares, la citogenética y su correlación clínica.
 
En la actualidad, algunas neoplasias hematológicas aún son incurables, una de ellas es el mieloma múltiple, una enfermedad maligna, sistémica, que resulta de la proliferación clonal de células plasmáticas derivadas de los linfocitos B, en la cual hay producción anómala de una proteína M en el suero, la orina o ambas. Esta entidad es la neoplasia hematológica más frecuente después del linfoma no Hodgkin y, según la OMS, representa el 1% de todas las neoplasias y el 10% al 15% de las neoplasias hematológicas.