22 Junio 2017
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Vitamina D: una hormona poderosa

Lina M. Restrepo-Giraldo

La vitamina D representa uno de los principales factores determinantes para el desarrollo de la vida en la tierra y para la evolución humana. Aproximadamente el 10% al 20% de los requerimiento de vitamina D de un organismo humano se puede obtener a través de la dieta y aproximadamente el 90% del total de la vitamina D necesaria tiene que ser fotosintetizada en la piel a través de la acción del sol (luz ultravioleta B (UV-B)) [1].
 
El raquitismo por deficiencia de vitamina D fue la enfermedad de los jóvenes entre 1800 y principios del siglo XX, con proporciones epidémicas en el norte de Europa, Norteamérica y Asia del Norte [2]. Sir Edward Mellanby (1919) demostró que esta enfermedad era debida a una deficiencia nutricional y se podía mejorar con suplementos de aceite de hígado de bacalao. McCollum (1922) demostró que el factor terapéutico en este aceite era una nueva vitamina, la vitamina D [3,4]. Por su parte, Huldshinsky y sus compañeros de trabajo (1919) también demostraron que el raquitismo podía ser tratado con la luz ultravioleta (UV). Así mismo, Steenbock (1923) demostró que la luz UV inducía la formación de vitamina D en las porciones grasas de los alimentos y en la piel, y mediante la irradiación de alimentos, logró proporcionar los medios por los cuales el raquitismo podría dejar de ser un problema médico importante.
Todos estos trabajos permitieron que los químicos aislaran e identificaran la estructura de la vitamina D entre 1919 y 1924, lo que llevó finalmente a la síntesis química de grandes cantidades de ella [3,4] y su disponibilidad para el tratamiento farmacológico. En la figura 1 se ilustran las causas y posibles consecuencias de la deficiencia de vitamina D.