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Infecciones micóticas: un problema de salud de importante diagnóstico

Verónica J. Tangarife Castaño

Hasta hace algunos años las infecciones micóticas se consideraban de baja prevalencia y de poca relevancia en la salud humana, por lo que el desarrollo de pruebas diagnósticas y nuevos agentes antimicóticos no representaba una prioridad. No obstante, la epidemiología de las infecciones fúngicas ha cambiado de manera importante en las últimas décadas, debido principalmente a los cambios en el estado inmunológico del hospedero humano, que los ha hecho más susceptibles a este tipo de infecciones, y a las condiciones medioambientales, que han llevado no solo a una mayor distribución de las especies reconocidas anteriormente como patógenas, sino a la aparición de nuevas especies potencialmente patógenas, algunas de las cuales son menos sensibles o resistentes a los tratamientos actualmente disponibles. Esta situación ha llevado a un incremento importante en el número de personas con infecciones por hongos, principalmente en aquellas en condiciones de inmunosupresión transitoria o permanente, como los sometidos a tratamientos prolongados con corticosteroides (p. ej. pacientes trasplantados de órganos o con enfermedades autoinmunes) y las infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
Solo hasta finales del siglo XX los hongos fueron reconocidos como patógenos humanos importantes y fue a partir de ese momento que se despertó el interés y la necesidad de llevar a cabo investigaciones básicas y aplicadas para el estudio de estas infecciones y para el desarrollo de nuevos agentes antimicóticos. A pesar de estos esfuerzos y avances, la epidemiología real de las infecciones por hongos aún es desconocida, debido probablemente a la carencia de un sistema de reporte obligatorio controlado y de guías epidemiológicas locales e internacionales; además, en parte, a la falta de sospecha clínica por parte del personal médico y, en consecuencia, de un diagnóstico por el laboratorio oportuno. A su vez, las dificultades para establecer los diagnósticos micológicos confirmatorios han dado lugar a la administración «empírica» de antifúngicos, el uso descontrolado de ellos y la falta de instauración de un tratamiento adecuado de acuerdo a la enfermedad establecida y el agente causal implicado. Como resultado de esto, es evidente el desarrollo de resistencia por parte de diferentes especies a los antimicóticos de uso común, lo que complica aún más el panorama actual y el futuro del manejo y control de las infecciones fúngicas.
El diagnóstico clínico de la infecciones fúngicas no es fácil, debido principalmente a que los síntomas y los signos son variados, dependiendo del agente etiológico, la localización de la infección y el estado inmune del individuo afectado. De esta manera, el diagnóstico micológico definitivo debe estar orientado a la correlación de un conjunto de elementos epidemiológicos, clínicos y de laboratorio.