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Las pruebas de Aliento: un nuevo horizonte en el laboratorio clínico

Germán Campuzano Maya, MD

A la mayoría de las personas a las que se les menciona las pruebas de aliento, inmediatamente les viene a la mente la visión de un policía de tránsito en medio de un retén, comprobando con un instrumento si el conductor de un vehículo ha consumido bebidas alcohólicas. El conductor sospechoso debe soplar en un pequeño dispositivo manual, que al cabo de unos segundos, indica la cantidad de etanol que está circulando en su sangre.

 
Esta visión es real pero sólo es una de las aplicaciones de las pruebas de aliento. La visión del policía de tránsito y el conductor sospechoso de estar bajo los efectos del alcohol es una asociación distorsionada de las pruebas de aliento, si se tiene en cuenta que estas pruebas, diferentes al objetivo de detectar conductores bajo el efecto del alcohol, van introduciéndose cada vez más en la tecnología médica y en la instrumentación del laboratorio clínico.
 
Las pruebas de aliento no son nuevas en medicina si se tiene en cuenta que la primera relación del uso de lo que podría llamarse una prueba de aliento se remonta a 1920 [1], pero fue a partir de la década de los 70 cuando se inició la investigación de las pruebas de aliento en diferentes campos de la medicina como las enfermedades metabólicas, inicialmente con sustratos marcados con carbono 14 (14C), isótopo contraindicado en niños y en mujeres en edad gestante, motivo por el cual fueron rápidamente sustituidos por sustratos marcados con carbono 13 (13C) [2]. Con la denominación de pruebas de aliento se definen todos los métodos que a partir del aire espirado pueden proporcionar información sobre la producción de gas intestinal, la absorción de grasas e hidratos de carbono a nivel intestinal, el funcionamiento de órganos como el hígado [3], el páncreas [4], el estómago [5] y el intestino [6], la presencia de infecciones por Helicobacter pylori [7] y la tuberculosis pulmonar [8], el cáncer de pulmón [9] y la esquizofrenia [10], entre otros usos de las pruebas de aliento en la práctica médica.
 
Hasta mediados de la década de los años 80 las pruebas de aliento, en particular las pruebas basadas en sustratos marcados con 13C, permanecieron en el ámbito de la investigación exclusivamente hasta cuando fueron catapultadas a la clínica con la prueba de aliento con 13C-urea para el diagnóstico y manejo de la infección por Helicobacter pylori [11], pocos años después de que se conociese que la mucosa gástrica podía ser colonizada por la bacteria [12], la cual infecta a más del 50% de la población humana, y se relaciona íntimamente con la gastritis crónica [12], las úlceras pépticas del estómago y del duodeno [13, 14], el cáncer gástrico [15-17] y los linfomas MALT del estómago [18], además de un sinnúmero de enfermedades extradigestivas como la anemia ferropénica [19, 20], la púrpura trombocitopénica idiopática (autoinmune) [21, 22], la deficiencia de vitamina B12 [23], la deficiencia de crecimiento de los niños infectados [24], el dolor abdominal recurrente [25, 26], la alopecia areata [27], la urticaria crónica [28], la rosácea [29], la tiroiditis autoinmune [30] y la migraña [31], sólo para mencionar algunas de las más de 50 manifestaciones extradigestivas relacionadas en la literatura médica mundial. Además, con la incorporación al laboratorio clínico de los espectrómetros de masas de relación isotópica, se abrieron para la comunidad médica oportunidades de otras pruebas de aliento con mayor aceptación en la comunidad, como son las pruebas de aliento para función hepática, para función pancreática, para otras funciones del estómago como el estudio del vaciamiento gástrico y el tránsito orocecal, pruebas que se revisan detalladamente en uno de los módulos que se entregan con este primer número del volumen 17 de Medicina & Laboratorio [32].
 
Las pruebas de aliento frente a los medios convencionales tienen en común el hecho de que no son invasivas, utilizan sustancias inocuas, no tienen ninguna contraindicación y en la mayoría de los casos, además de que tienen una mejor relación costo-beneficio, son más baratas que las pruebas que sustituyen, como son la endoscopia digestiva alta en el caso de la prueba de aliento con 13C-urea, la biopsia hepática en las pruebas de aliento para función hepática como la prueba de aliento con 13C-metacetina, y la gammagrafía pancreática en el caso de la prueba de aliento con 13C-triglicéridos.
 
En el futuro, y ya lo están haciendo en algunos laboratorios clínicos, los médicos solicitarán pruebas en sangre, orina, saliva y aliento. Las pruebas de aliento ya hacen parte del portafolio de servicios del sistema de salud colombiano si se tiene en cuenta que están incorporadas las pruebas de aliento basadas en la medición de hidrógeno para intolerancia a la lactosa y para el sobrecrecimiento bacteriano [33], y la prueba de aliento con 13C-urea que recientemente ha sido incluida en el Plan Obligatorio de Salud (POS) de los regímenes contributivo y subsidiado (código 903043) del sistema de seguridad social colombiano [34], acorde con el Consenso de Maastricht III [33]. Además, la prueba de aliento con 13C-metacetina para el estudio de la función hepática, en particular para determinar el grado de funcionalidad del hígado, se ha incorporado a partir de la revisión de 2008, al Manual de Codificación, Nomenclatura y Valores de la Sociedad Colombiana de Patología Clínica, que define las pruebas de laboratorio disponibles en el país [35] y en un futuro cercano se incluirán las pruebas de aliento para el estudio de la función pancreática y el vaciamiento gástrico.