23 Junio 2017
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Calidad y capacitación: el camino a la competitividad

Germán Campuzano Maya

«El mayor error que un hombre puede cometer es sacri¿car  su salud por cualquier otra ganancia»  (Schopenhauer)

La calidad, de acuerdo con la ISO (International Organizatation for Standardization), se define como  «el grado en el que un conjunto de características inherentes a un producto cumple con los requisitos» . En el entorno globalizado del Siglo XXI las instituciones se enfrentan a una realidad: sólo tienen cabida aquellas que pueden competir con calidad, de tal manera que sus usuarios, llámense clientes o pacientes, reciban y perciban,  la máxima calidad en sus productos y servicios. En este contexto cobra importancia encontrar y establecer sistemas  que mejoren la calidad, de tal manera que aumente la eficiencia sin que se desborden los costos. De acuerdo con Deming, una de los maestros de la calidad, una organización, cualquiera que sea su razón social, debe construirse mejorando constantemente la metodología de producción y los servicios para incrementar la calidad , reduciendo así los costos; en otras palabras, la organización debe ser competitiva a través de la calidad.

La falta de calidad, en la salud en general y en el laboratorio clínico en particular, puede generar, a través de un resultado incorrecto, un diagnóstico incorrecto o un tratamiento inapropiado que puede ser catastrófico para el paciente, la familia, la sociedad y el sistema de salud, entre otros; resultados dudosos obligan a repetir procedimientos o a tomar nuevas muestras que representan nuevos gastos que en muchos casos pueden llegar a ser insostenibles tanto para las instituciones como para los pacientes, situación que se conoce como el costo de la no-calidad, el mayor problema de los sistemas de seguridad social de la región.

El aumento de la calidad y la reducción de costos (de no-calidad) no son objetivos excluyentes sino complementarios. Eliminar los costos de la no-calidad significa aumentar la productividad (eficiencia y satisfacción del cliente, que en el caso de la salud sería el paciente o la institución encargada de velar por su salud) y mantener la competitividad.

Reducir los costos de la no-calidad no es una tarea fácil pero tampoco imposible. No se logra a través de regulación: sólo se logra incorporando la filosofía de la calidad como hilo conductor del diario quehacer, en donde la organización (llámese empresa promotora de salud, institución prestadora de servicios, clínica, consultorio o laboratorio clínico), en un ambiente de mejoramiento continuo disponga de los mejores recursos humanos y tecnológicos acordes con el entorno y las necesidades de quienes reciben sus servicios.

Para lograr la calidad el componente más importante es el factor humano. Emprender programas de calidad, con incorporación de tecnología sin capacitación sería una utopía y estaría condenada al fracaso. Los cambios que el desarrollo de la Ley 100 de 1993 han venido generando en los últimos años orientados a mejorar la calidad de los servicios de salud han sido tibios en el tema de la capacitación de los profesionales de la salud y de otros relacionados con esta actividad.

Al concluir el décimo año de funcionamiento del Programa de Educación Médica Continua Certificada que se desarrolla gracias al acuerdo interinstitucional entre la Universidad de Antioquia y la  Editora Médica Colombiana  se han entregado 3.321.000   horas de capacitación a profesionales, médicos y no médicos,  relacionados con el laboratorio clínico, una de las áreas más dinámicas de la medicina y de mayor impacto en la calidad de los servicios de salud. Estamos convencidos de que este material ha logrado sus objetivos: hacer que estos profesionales, más informados, sean más competitivos a través de una mejor calidad en su diario que hacer.