23 Junio 2017
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Las tirillas de la esperanza

Vital Balthazar González

«En el diccionario de la Real Academia Españolala palabra «esperanza» figura como:«estado de ánimo en el cual se nos presentacomo posible lo que deseamos».

Hace 20 años fundé con el Dr. Abel Serrano Acosta y la enfermera Débora Castrillón el Programa de control y seguimiento para niños con diabetes tipo 1. Desde entonceseste programa se ha convertido en el soporte de todo el que se inscribe en él; y hanpasado más de mil niños. La labor ha sido positiva y fructífera. No se trata en estanota de desplegar conocimientos científicos, sino de resaltar un aspecto de los variados quetiene el control de la diabetes como es el de su manejo ambulatorio.

El paso dado por Banting y Best en 1921 con el descubrimiento de la insulina fue definitivo paralas personas afectadas. Fue una esperanza de vida. Desde entonces todos los investigadores y trabajadores de este problema han ido aportando cada vez más elementos, criterios, conductas, técnicas y dispositivos para enfrentar y vencer al monstruo. Es mucho lo que se ha ganado y hoy se tiene como norma que la diabetes no es una enfermedad sino una «forma de vida». Poco a poco se fue estableciendo en la dinámica del problema que la insulina sola no era la solución, sino que había que manejar el plan de alimentación y se hizo.  Luego se vio la importancia definitiva y valiosa de hacer obligatoriamente el control diario para mejores resultados. Apareció en escena entonces el examen de orina y con todos sus defectos e imprecisiones ellicor de Fehling comandó muchos años este cuidado y luego con mejores ventajas pero tambiéncon fallas, llegó el Benedict.  Amo y señor de varios lustros, pero también fue desplazado con laaparición de la tirillas de inmersión en la muestra de orina, hasta cuando surgió el glucometerque vino a establecer nuevas reglas de juego y muy favorables para el paciente diabético en el díaa día de su control. Pero estos brincos en el control ambulatorio aumentaron, además de subondad, los costos. El glucometer es como cuando se compra un vehículo: para que funcione yrinda debe echársele gasolina periódicamente. Al glucometer para que exprese su eficacia hayque colocarle tirillas en cada vez.  Apareció entonces en nuestro país la ley 100 y la misma en sussabias disposiciones y decretos reglamentarios, se olvidó de que las tirillas cuestan mucha platay que el control y el consumo es diario y las tirillas se deben caracterizar como otro miembro dela canasta familiar. En otras partes del mundo al paciente diabético y particularmente al niño, sele suministra todo lo que necesita por cuenta del estado o sus intermediarios, pero aquí laesperanza de vida con base en las tirillas, está lejana. Es por eso que con este escrito hago unllamado a todos los involucrados en el manejo de este problema para que convirtamos «lastirillas de la esperanza» en una realidad próxima, espontánea, solidaria y no bajo la lupa de una tutela, que como tal debe ser causa de vergüenza para el país cuando se trata de problemas desalud y de los derechos del niño.